Categoría: ORDENACION DEL TERRITORIO

¿DÓNDE ESTÁN LAS PUERTAS DE LA CIUDAD?

MONTAJE 17.18.19

Cuando las ciudades se desarrollaban en el interior de recintos amurallados, un evidente elemento físico (la muralla) marcaba la diferencia entre “dentro” y “fuera”;  las distintas puertas dispuestas normalmente por motivos funcionales marcaban el inicio de la ciudad, todo estaba claro y perfectamente definido … llega hasta aquí y se entra por allí…

Cuando hoy día nos acercamos a una ciudad, sus hitos de mayor envergadura marcan la presencia en el horizonte del asentamiento; conforme nos aproximamos, el campo comienza a desvirtuarse, sube la densidad de edificaciones, baja la de plantaciones, nos adentramos en una franja en muchos casos anárquica hasta que llegado un punto observamos que ya  no hay huecos entre edificaciones y entonces entendemos que ya hemos llegado.

Durante algún tiempo se utilizó la solución de alineaciones arbóreas que marcaban el acceso, quedaba claro que la ciudad empezaba al final de la arboleda, no obstante poco a poco han sido eliminadas por considerarse peligrosas para el tráfico (aunque quizá un quitamiedos hubiese sido suficiente).

En este punto me pregunto si este hecho es positivo o negativo, ¿debe tener límites claros la ciudad? ¿qué ganamos o perdemos? Es evidente que por fortuna la ciudad ya no necesita murallas ni puertas, por tanto hemos ganado la posibilidad de interactuar visual y funcionalmente con el entorno; pero hemos perdido un gran valor, el identitario, pasando de ser un elemento claro en el territorio, perfectamente identificable, a ser un ente difuso como una nube que se va perdiendo en el horizonte con distintos colores y densidades.

Entre un extremo (la muralla) y el otro (la ciudad difusa), creo que se encuentra nuestro objetivo; poner límites no nos aporta nada positivo (ganaríamos identidad pero negativa al constituir un coto cerrado), ahora bien una planificación que fuese capaz de gestionar las distintas interfases de forma ordenada eliminaría los inconvenientes de las dos opciones y potenciaría las ventajas de ambas; nuestra lectura en el recorrido de aproximación no sería de recinto ni de anarquía sino de sucesión organizada de situaciones, una secuencia que a modo de ejemplo nos mostrase campo – campo ligado a ciudad – ciudad, permitiría una lectura clara, luego estaríamos incrementando la legibilidad que facilita la creación de la imagen mental del recuerdo y por tanto estaríamos consiguiendo la identidad perdida al desaparecer las murallas y sus puertas.

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ORDENACIÓN DEL TERRITORIO VS COMPETITIVIDAD

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Leyendo el informe “Hot Spots 2025 Benchmarking the future competitiveness of cities” elaborado por la Economist Inteligence Unit de “The Economist” me surgen realmente muchas dudas respecto a los resultados (entiendo que la crisis económica en Europa haga descender en el ranking ciudades como Madrid o Roma, pero no termino de comprender por qué en el mismo escenario Lisboa o Dublín crecen y aún menos comprendo por qué Madrid baja su puntuación 30 veces más que Barcelona), no obstante como toda estadística o simulación de escenarios futuros creo que hay que recibirla con la máxima cautela, analizar el origen de los datos y sobre todo considerar las tendencias que nos están dejando ver más que el valor numérico concreto obtenido. El citado informe define “Competitividad Urbana” como la capacidad de atraer capital, negocio, talento y visitantes, elaborando el ranking en base a ocho grupos de indicadores ponderados mediante la asignación de un “peso” a cada uno de ellos.

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Ahora bien, una vez que tenemos el diagnóstico o el modelo tendencial hecho, es la hora de trabajar para invertir o potenciar tendencias y llegado este momento las Administraciones deben asumir y comprender que la deseada competitividad es fruto de un sistema holístico y por tanto de nada valen acciones individuales, ¿de qué servirá mejorar infraestructuras si no atraemos por ejemplo capital humano? ¿para qué tratamos de atraer negocios si el sistema financiero no los apoyará? …. entiendo que para nada o al menos para mucho menos de lo que podría servir.

Necesitamos una herramienta que diagnostique y planifique acciones teniendo en cuenta el conjunto, sus incompatibilidades, sus sinergias y su retroalimentación; pero no tenemos que inventar nada, ya existe, se llama ORDENACIÓN DEL TERRITORIO; por tanto lo único que hace falta es convencer a los entes con capacidad de decisión de su valía como herramienta transversal.

PARTE 02_03. ¿HACEMOS ALGO O SEGUIMOS LLORANDO?

Como continuación al post anterior, hoy trato de bucear en posibles soluciones a nuestro paisaje de crisis generado por obras paralizadas de promotores arruinados o que simplemente no les interesa continuar.

Promotores que arrancaron obras cuando comenzaba el declive y no tuvieron tiempo de reacción o no supieron hacerlo; la oferta era brutal, la demanda bajó y el crédito se cerró, con lo cual la impensable situación de no vender lo que estabas construyendo (fuera lo que fuera y donde fuera) se hizo realidad. Ante esta situación, bien las entidades bancarias dejaron de pagar certificaciones o simplemente el promotor decidió que no debía seguir invirtiendo con tan alto nivel de riesgo; dando lugar entre todos al fantasmal paisaje de nuestras ciudades (fundamentalmente de sus zonas de ensanche).

IMAG0741La bajada de precios de vivienda junto, en muchos casos, con la irreal valoración hipotecaria (realizada por dudosos profesionales, admitida por numerosas entidades financieras y permitida por los órganos de supervisión) ha dado lugar a que lo ejecutado por los promotores vale menos que lo prestado por los bancos, con lo cual ya no tengo claro si el problema es del primero o del segundo.

Siempre he defendido que “el riesgo dignifica el beneficio”, por tanto nunca he criticado al promotor que legalmente ganaba millones en sus promociones; él arriesgaba  y recogía beneficios, por tanto el que quisiera tenía la puerta abierta, sólo había que saber hacer y arriesgar; ahora bien, “riesgo” significa que te puede salir mal con lo cual igual que a las buenas recogimos beneficios ahora son las malas y toca pagar.

No obstante lo anterior, ya he dicho antes que el promotor no era el único actor en esta función; las sociedades de tasación contaminadas ganaron mucho dinero a base de tasaciones “a medida”, los bancos obtuvieron beneficios espectaculares y los órganos de control simplemente no hicieron nada, por tanto a todos les toca bajo mi punto de vista responder en este momento.

Los promotores deben cumplir su obligación de edificar en plazo (fijada en licencia) y si no pueden o no les interesa, deberán malvender, aunque se pierda dinero o no se cubra ni siquiera la deuda pendiente, recordemos que estábamos en un deporte de riesgo y hemos perdido, al menos su cuenta será menos negativa.

Las sociedades de tasación corruptas deberán pagar su falta de ética y profesionalidad, con la misma responsabilidad que se nos exige a cualquier profesional.

Las entidades financieras, como beneficiarias del sistema creado, deberán participar en la solución, bien abriendo crédito, bien haciendo quitas o bien como socio capitalista.

Por último los órganos de control y administraciones que no velaron, deberán responder poniendo los medios económicos o legales para resolver el problema.

No existe legislación que sustente esta línea de actuación, pero las leyes están para resolver problemas y cada día vemos como nacen, se derogan o se modifican, por motivos muchas veces caprichosos, partidistas o de dudoso interés, por tanto no me vale la respuesta de “… la ley no contempla este supuesto…”.

PAISAJES REVENTADOS

Recorriendo el ámbito del último estudio de paisaje que hemos hecho me ha venido a la cabeza en muchas ocasiones un concepto desgraciadamente poco utilizado en ordenación del territorio, el de la “capacidad de carga” de un territorio.

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Encuentro abundante literatura del tema enfocada al medio ambiente y al mantenimiento de ecosistemas, pero no es así si hablamos de ordenación del territorio y mucho menos si lo hacemos específicamente de paisaje; he localizado una definición que se adapta bastante bien que dice que la capacidad de carga viene representada por “…los usos que puede sostener un territorio sin impacto negativo irreversible…” ; trasladando este concepto al paisaje, podemos comprender que la excesiva partición de usos va disminuyendo la “capacidad de carga del paisaje”, pero no creo que la razón se encuentre en el número de usos distintos que acoge el territorio, el problema está sencillamente en la NO PLANIFICACIÓN y la improvisación.

En materia de paisaje no veo viable definir una expresión numérica objetiva que valorase el nivel de capacidad de carga del mismo; no obstante tampoco creo que lo necesitemos; sencillamente debemos saber apreciar la tendencia y actuar frente o a favor de la misma. Como vemos en la mayoría de entornos metropolitanos, el desorden y la ausencia de planificación alteran día a día el paisaje hasta que llega un punto en el que es imposible definirlo, no podemos leerlo, ha perdido su identidad, no es ni industrial, ni residencial, ni terciario, ni agrícola, ni por supuesto una armónica combinación de los anteriores; simplemente se trata de un “paisaje reventado”, ha llegado a un punto de NO RETORNO y por tanto no toca la protección o la gestión del paisaje, directamente ha llegado el momento de ordenación y la cualificación.

PAISAJES DE LA CRISIS_¿HASTA CUANDO?

Casi todos nos preocupamos e intentamos buscar salidas a la brutal crisis que estamos sufriendo; es un tema que aunque tratemos de olvidar, sin quererlo cada día vuelve a nuestra mente a través de lo que leemos, escuchamos en cualquier sitio al que vamos o simplemente percibimos subjetivamente.

La espectacular crisis inmobiliaria ha dejado nuestro territorio plagado de señales que constantemente nos lo recuerdan; torres en estructura sobre las que anidan los pájaros y los grafiteros, urbanizaciones a medio ejecutar sobre las que pasta el ganado esquivando bocas de alcantarilla, resort desiertos, etc… todo ello ha creado un paisaje demoledor anímicamente que constantemente transmite la idea de no haber llegado, no haber conseguido, no haber sabido planificar ni gestionar…., todo señales negativas que minan nuestro bienestar.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así?

La sociedad no necesita más señales negativas; requiere indicios de positivismo, de ir adelante, de movimiento frente al estancamiento; indicadores que le hagan  empezar a creer que la salida es posible y que somos nosotros mismos los que la tenemos que conseguir.

Los llamados “paisajes de la crisis” son un nuevo concepto a planificar y gestionar mediante la ordenación del territorio, la planificación y el paisaje; y repito NUEVO, por tanto no nos empeñemos en darle salida según metodologías de gestión diseñadas para cuando se vendían viviendas con lista de espera antes de empezar la excavación.

Conceptos como cambio de uso, expropiación, reciclaje urbano y por qué no, demolición y desclasificación, deben ser incorporadas a la discusión de solución.

Si estas dinámicas pasan del discurso a la realidad, frente a la falta de respuesta actual, nuestra sensación al contemplar el paisaje cotidiano será la de acción positiva para el cambio.

Aplicando la frase de “Dime que paisaje tienes y te diré quién eres”, íntimamente ligada a la perseguida “competitividad territorial“, pasaremos de “….no han sabido….se han equivocado” a “…han sabido reaccionar… saben luchar…son competitivos”.

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EUTANASIA DEL PAISAJE_VAGANCIA INTELECTUAL

En casi ninguna cabeza cabría comprender que si una catedral se está cayendo por el paso de los años la dejemos caer; casi nadie entendería que dejásemos pudrirse en un húmedo sótano una obra de arte pictórica o una escultura; se trata de elementos que forman parte de nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra memoria, son un bien común y todos (incluso las próximas generaciones) tenemos derecho a disfrutarlo. Si estamos de acuerdo en esta última frase, ¿cuál es la diferencia con el paisaje? ¿No es un bien común? ¿No forma parte de nuestra cultura, identidad y memoria? ¿Por qué entonces cuando está herido lo damos por muerto? ¿Por qué las escasas políticas de paisaje se centran exclusivamente en los excepcionales? ¿Y los que lo fueron y tienden a no serlo? ¿Los abandonamos? Pues normalmente si, asumimos que es algo inherente al progreso y los dejamos morir.

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Bajo mi punto de vista, la destrucción del paisaje no viene motivada por la evolución o el frenético crecimiento, simplemente viene dada por la vagancia intelectual; cuando todo el campo se cultivaba de forma tradicional, los bosques eran bosques, los pueblos costeros vivían de la pesca y las ciudades crecían lentamente; el paisaje se generaba, gestionaba y mantenía prácticamente solo; llega la evolución, los campos se abandonan, se llenan de plástico, de naves agrícolas o de viviendas; los bosques se talan, se construye una urbanización o se instala una cantera; los pueblos costeros viven del turismo dos meses al año y las ciudades multiplican su población a ritmo vertiginoso; pasamos a tener un problema de complejidad elevada en el que intervienen infinidad de variables interrelacionadas. ¿Cuál es nuestra respuesta frente a esta situación? ¿Tendremos que adaptar nuestra forma de pensar, planificar y gobernar? ¿No?, pues no,  sencillamente la respuesta suele ser nula, es un tema demasiado complejo y su tratamiento requeriría replantearnos principios asumidos, ponerlos en duda, innovar, arriesgar y actualizar constantemente; en resumen un gran esfuerzo intelectual, con lo cual casi siempre resulta mucho más sencillo no hacer nada,  achacar la culpa al “progreso” y sumirnos en un conformismo absoluto que reconoce el daño, pero que sigue pensando que el mundo es muy grande, por lo tanto si quiero disfrutar de un paisaje de calidad lo haré en el 8% de mi tiempo que es cuando puedo viajar de vacaciones, el otro 92% asumo lo que tengo.

¿EL PAISAJE IMPORTA?

SI: Cuando vamos a un hotel vemos razonable pagar más por las habitaciones “con vistas” al mar que las que vuelcan a un patio interior o a una calle.

SI: Cuando paseamos por nuestra ciudad, preferimos hacerlo por un centro histórico bien gestionado o por un barrio de nueva creación bien planificado, ejecutado y mantenido, frente a hacerlo por nuevos barrios “maqueta” o viejos barrios decadentes.

SI: Cuando nos queremos relajar buscamos un entorno que nos transmita tranquilidad.

SI:  Cuando llegamos a un polígono industrial o un área terciaria, en la que el paisaje ha sido tenido en cuenta y no se trata de una simple acumulación de naves; nuestra sensación es que llegamos a una empresa “seria”, “responsable” o “moderna”.

SI: A todos nos gustaría trabajar en un entorno en el que con levantar la mirada pudiese ver árboles o al menos verde.

SI: Todos tenemos claro que una zona turística puede vivir de su paisaje.

…………….

Será que EL PAISAJE SI IMPORTA ¿No?, será que todos tenemos claro que nos aporta salud, calidad de vida, competitividad y bienestar ¿No?

Entonces:

¿POR QUÉ no se tiene en cuenta en la inmensa mayoría de políticas?

¿POR QUÉ siempre queda en segundo plano?

¿POR QUÉ necesitamos “vender” nuestro “producto” y tenemos que luchar para convencer cuando realmente están asumidos sus beneficios?

¿POR QUÉ las escasas políticas de paisaje son tan tímidas?

Una posible respuesta la encuentro en una concepción errónea de base; trabajar el paisaje, diseñarlo, planificarlo y gestionarlo no son acciones de decoro (entendiendo en este caso decoro como algo superfluo y por tanto prescindible), se trata de algo sustancial ya que estamos creando el entorno en el que vivimos y con el interactuamos;  por tanto simplemente se trata de lo primero que he citado, TRABAJAR. Un paisaje de calidad no requiere en la mayoría de ocasiones mayor inversión, simplemente necesita ser tenido en cuenta.

No considero razonable el comentario  muchas veces escuchado en época de crisis: “con la que está cayendo…. ¿cómo nos vamos a ocupar ahora del paisaje?”; efectivamente hay muchos problemas que solventar de mayor importancia y/o urgencia, pero bajo mi punto de vista, aquí está el segundo error, el paisaje no es un problema más a resolver sino una posible herramienta, una oportunidad a aprovechar…. ¿por qué no lo hacemos?