Categoría: ORDENACION DEL TERRITORIO

PAISAJES REVENTADOS

Recorriendo el ámbito del último estudio de paisaje que hemos hecho me ha venido a la cabeza en muchas ocasiones un concepto desgraciadamente poco utilizado en ordenación del territorio, el de la “capacidad de carga” de un territorio.

030

Encuentro abundante literatura del tema enfocada al medio ambiente y al mantenimiento de ecosistemas, pero no es así si hablamos de ordenación del territorio y mucho menos si lo hacemos específicamente de paisaje; he localizado una definición que se adapta bastante bien que dice que la capacidad de carga viene representada por “…los usos que puede sostener un territorio sin impacto negativo irreversible…” ; trasladando este concepto al paisaje, podemos comprender que la excesiva partición de usos va disminuyendo la “capacidad de carga del paisaje”, pero no creo que la razón se encuentre en el número de usos distintos que acoge el territorio, el problema está sencillamente en la NO PLANIFICACIÓN y la improvisación.

En materia de paisaje no veo viable definir una expresión numérica objetiva que valorase el nivel de capacidad de carga del mismo; no obstante tampoco creo que lo necesitemos; sencillamente debemos saber apreciar la tendencia y actuar frente o a favor de la misma. Como vemos en la mayoría de entornos metropolitanos, el desorden y la ausencia de planificación alteran día a día el paisaje hasta que llega un punto en el que es imposible definirlo, no podemos leerlo, ha perdido su identidad, no es ni industrial, ni residencial, ni terciario, ni agrícola, ni por supuesto una armónica combinación de los anteriores; simplemente se trata de un “paisaje reventado”, ha llegado a un punto de NO RETORNO y por tanto no toca la protección o la gestión del paisaje, directamente ha llegado el momento de ordenación y la cualificación.

PAISAJES DE LA CRISIS_¿HASTA CUANDO?

Casi todos nos preocupamos e intentamos buscar salidas a la brutal crisis que estamos sufriendo; es un tema que aunque tratemos de olvidar, sin quererlo cada día vuelve a nuestra mente a través de lo que leemos, escuchamos en cualquier sitio al que vamos o simplemente percibimos subjetivamente.

La espectacular crisis inmobiliaria ha dejado nuestro territorio plagado de señales que constantemente nos lo recuerdan; torres en estructura sobre las que anidan los pájaros y los grafiteros, urbanizaciones a medio ejecutar sobre las que pasta el ganado esquivando bocas de alcantarilla, resort desiertos, etc… todo ello ha creado un paisaje demoledor anímicamente que constantemente transmite la idea de no haber llegado, no haber conseguido, no haber sabido planificar ni gestionar…., todo señales negativas que minan nuestro bienestar.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así?

La sociedad no necesita más señales negativas; requiere indicios de positivismo, de ir adelante, de movimiento frente al estancamiento; indicadores que le hagan  empezar a creer que la salida es posible y que somos nosotros mismos los que la tenemos que conseguir.

Los llamados “paisajes de la crisis” son un nuevo concepto a planificar y gestionar mediante la ordenación del territorio, la planificación y el paisaje; y repito NUEVO, por tanto no nos empeñemos en darle salida según metodologías de gestión diseñadas para cuando se vendían viviendas con lista de espera antes de empezar la excavación.

Conceptos como cambio de uso, expropiación, reciclaje urbano y por qué no, demolición y desclasificación, deben ser incorporadas a la discusión de solución.

Si estas dinámicas pasan del discurso a la realidad, frente a la falta de respuesta actual, nuestra sensación al contemplar el paisaje cotidiano será la de acción positiva para el cambio.

Aplicando la frase de “Dime que paisaje tienes y te diré quién eres”, íntimamente ligada a la perseguida “competitividad territorial“, pasaremos de “….no han sabido….se han equivocado” a “…han sabido reaccionar… saben luchar…son competitivos”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

EUTANASIA DEL PAISAJE_VAGANCIA INTELECTUAL

En casi ninguna cabeza cabría comprender que si una catedral se está cayendo por el paso de los años la dejemos caer; casi nadie entendería que dejásemos pudrirse en un húmedo sótano una obra de arte pictórica o una escultura; se trata de elementos que forman parte de nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra memoria, son un bien común y todos (incluso las próximas generaciones) tenemos derecho a disfrutarlo. Si estamos de acuerdo en esta última frase, ¿cuál es la diferencia con el paisaje? ¿No es un bien común? ¿No forma parte de nuestra cultura, identidad y memoria? ¿Por qué entonces cuando está herido lo damos por muerto? ¿Por qué las escasas políticas de paisaje se centran exclusivamente en los excepcionales? ¿Y los que lo fueron y tienden a no serlo? ¿Los abandonamos? Pues normalmente si, asumimos que es algo inherente al progreso y los dejamos morir.

DSC_0060

Bajo mi punto de vista, la destrucción del paisaje no viene motivada por la evolución o el frenético crecimiento, simplemente viene dada por la vagancia intelectual; cuando todo el campo se cultivaba de forma tradicional, los bosques eran bosques, los pueblos costeros vivían de la pesca y las ciudades crecían lentamente; el paisaje se generaba, gestionaba y mantenía prácticamente solo; llega la evolución, los campos se abandonan, se llenan de plástico, de naves agrícolas o de viviendas; los bosques se talan, se construye una urbanización o se instala una cantera; los pueblos costeros viven del turismo dos meses al año y las ciudades multiplican su población a ritmo vertiginoso; pasamos a tener un problema de complejidad elevada en el que intervienen infinidad de variables interrelacionadas. ¿Cuál es nuestra respuesta frente a esta situación? ¿Tendremos que adaptar nuestra forma de pensar, planificar y gobernar? ¿No?, pues no,  sencillamente la respuesta suele ser nula, es un tema demasiado complejo y su tratamiento requeriría replantearnos principios asumidos, ponerlos en duda, innovar, arriesgar y actualizar constantemente; en resumen un gran esfuerzo intelectual, con lo cual casi siempre resulta mucho más sencillo no hacer nada,  achacar la culpa al “progreso” y sumirnos en un conformismo absoluto que reconoce el daño, pero que sigue pensando que el mundo es muy grande, por lo tanto si quiero disfrutar de un paisaje de calidad lo haré en el 8% de mi tiempo que es cuando puedo viajar de vacaciones, el otro 92% asumo lo que tengo.

¿EL PAISAJE IMPORTA?

SI: Cuando vamos a un hotel vemos razonable pagar más por las habitaciones “con vistas” al mar que las que vuelcan a un patio interior o a una calle.

SI: Cuando paseamos por nuestra ciudad, preferimos hacerlo por un centro histórico bien gestionado o por un barrio de nueva creación bien planificado, ejecutado y mantenido, frente a hacerlo por nuevos barrios “maqueta” o viejos barrios decadentes.

SI: Cuando nos queremos relajar buscamos un entorno que nos transmita tranquilidad.

SI:  Cuando llegamos a un polígono industrial o un área terciaria, en la que el paisaje ha sido tenido en cuenta y no se trata de una simple acumulación de naves; nuestra sensación es que llegamos a una empresa “seria”, “responsable” o “moderna”.

SI: A todos nos gustaría trabajar en un entorno en el que con levantar la mirada pudiese ver árboles o al menos verde.

SI: Todos tenemos claro que una zona turística puede vivir de su paisaje.

…………….

Será que EL PAISAJE SI IMPORTA ¿No?, será que todos tenemos claro que nos aporta salud, calidad de vida, competitividad y bienestar ¿No?

Entonces:

¿POR QUÉ no se tiene en cuenta en la inmensa mayoría de políticas?

¿POR QUÉ siempre queda en segundo plano?

¿POR QUÉ necesitamos “vender” nuestro “producto” y tenemos que luchar para convencer cuando realmente están asumidos sus beneficios?

¿POR QUÉ las escasas políticas de paisaje son tan tímidas?

Una posible respuesta la encuentro en una concepción errónea de base; trabajar el paisaje, diseñarlo, planificarlo y gestionarlo no son acciones de decoro (entendiendo en este caso decoro como algo superfluo y por tanto prescindible), se trata de algo sustancial ya que estamos creando el entorno en el que vivimos y con el interactuamos;  por tanto simplemente se trata de lo primero que he citado, TRABAJAR. Un paisaje de calidad no requiere en la mayoría de ocasiones mayor inversión, simplemente necesita ser tenido en cuenta.

No considero razonable el comentario  muchas veces escuchado en época de crisis: “con la que está cayendo…. ¿cómo nos vamos a ocupar ahora del paisaje?”; efectivamente hay muchos problemas que solventar de mayor importancia y/o urgencia, pero bajo mi punto de vista, aquí está el segundo error, el paisaje no es un problema más a resolver sino una posible herramienta, una oportunidad a aprovechar…. ¿por qué no lo hacemos?

PAISAJE URBANO ¿RESULTADO O HERRAMIENTA?

DSC_0044-2_-3__tonemapped-2 - copia

El Ranking Mundial de ciudades por su Calidad de Vida, elaborado por la consultora MERCER, lleva a cabo un análisis y clasificación de emplazamientos en base a una serie de 39 parámetros agrupados en categorías como ambiente político y social, ambiente económico, salud y sanidad, educación, servicios públicos y de transportes, ocio, bienes de consumo, alojamiento y condiciones climáticas. Dichos indicadores son hechos objetivos y por tanto resultan en cierto modo cuantificables y calificables; ahora bien en relación a lo que podríamos llamar “paisaje formal”  ¿Cómo afectan dichos indicadores y su evolución a la formación del paisaje? y en relación al “paisaje subjetivo” o la interpretación que individualmente hacemos de la información que recibimos ¿Influye el paisaje en la forma de percibir la calidad de vida?.

Considerando el paisaje como “resultado”, la respuesta es afirmativa en los dos casos;  la implantación de infraestructuras, servicios, comercios, zonas de ocio, centros sanitarios, etc… modifica evidentemente el aspecto formal de la ciudad; y dependiendo del resultado, el paisaje nos ayudará a percibir la calidad de vida evaluada numéricamente, o en  caso contrario la enmascarará.

Sin embargo, si enfocamos el paisaje como “herramienta”, vemos que su adecuada planificación y gestión, facilita las relaciones sociales y la interacción entre los habitantes; posibilita sensaciones relacionadas con la cultura; fomenta la identidad del lugar y por tanto la sensación de pertenencia y  de seguridad; permite el contacto con la naturaleza en un contexto antropizado, etc…. Es decir, considerando la planificación del paisaje en origen y no como resultado podemos no sólo hacer crecer los indicadores objetivos sino que además podemos, para idéntico valor numérico de los mismos, incrementar la sensación subjetiva de calidad de vida.

¿Por qué esperar entonces al resultado si tenemos la herramienta?

CAMPO-CIUDAD EL PROBLEMA DE LA MASA CRÍTICA

En España llevamos décadas buscando soluciones para el mantenimiento de población en el medio rural;  planes, programas y acciones piloto que en la inmensa mayoría de los casos no alcanzan su objetivo, la despoblación de los pequeños núcleos sigue avanzando sin que se consiga poner freno al proceso.

Resulta evidente que la población residente en el campo debe tener acceso a los mismos servicios que la que habita las ciudades, su ausencia unida a la dureza, dedicación y sacrificio que exige la agricultura y ganadería hacen casi inconcebible el relevo generacional frente a la opción del traslado a la ciudad. La mecanización puede suavizar y modernizar el trabajo, pero llegamos al punto clave, “los servicios”; la implantación de infraestructuras requiere una masa crítica de usuarios que la amorticen, pero dicha “cantidad de habitantes” no existe porque no hay infraestructuras, el círculo se cierra y no llegamos a solución alguna.

Bajo mi punto de vista creo que el fallo se encuentra en las hipótesis de partida; me hago las siguientes preguntas ¿Necesita lo mismo el habitante de la ciudad y el del campo? ¿Por qué estamos intentando crear servicios diseñados para implantarse en un entorno urbano de la misma forma que en una ubicación que no lo es? Un nivel satisfactorio de calidad de vida ¿se obtiene de la misma forma en todos sitios?.

Creo que ha llegado el momento de replantear desde origen,  analizar necesidades reales,  diseñar nuevos sistemas, buscar nuevas formas de satisfacción y abrir de una vez el círculo cerrado.

F.52