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¿PLANIFICAMOS O CONFIAMOS EN EL IBEX 35?

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Acabo de leer el documento de discusión emitido por la CNC (Comisión Nacional de la Competencia) titulado “PROBLEMAS DE COMPETENCIA EN EL MERCADO DE SUELO EN ESPAÑA”, y hablando de competencia no entiendo como un documento de este calado puede haber sido redactado con tan alto nivel de incompetencia.

Tras 90 folios en los que las especificidades del producto llamado “suelo” se van diluyendo para adaptarlo a un modelo económico más “llevadero” que nos permita predecir su comportamiento como si del mercado de tomates se tratase, llega el sesudo documento a averiguar que el sistema urbanístico español… tiene fallos!!!  y aporta dos recomendaciones clave:

1. Utilizar mecanismos impositivos (de precio) o de derechos de urbanización en lugar de la delimitación de la frontera urbanística, convirtiendo en suelo apto para ser urbanizado todo el suelo que no deba estar protegido por motivos de interés público convenientemente justificado.

Es decir, si usted tiene dinero y se lo puede permitir, genere usted mismo el modelo territorial; los demás nos adaptaremos al mismo y que salga lo que tenga que salir, ya iremos resolviendo problemas.

2. Sustituir la zonificación característica del urbanismo español, muy detallada, de carácter intervencionista, y determinada ex-ante, por la utilización, con carácter general y fundamental, de reglas o estándares que sirvan para corregir las externalidades vinculadas a usos incompatibles pero que a la vez posibiliten que el uso del suelo no excluido del proceso urbanizador por motivos de interés público se determine, en gran medida, a través del mercado y no a través del planeamiento urbanístico.

Es decir, nada de planificar, nada de preocuparnos por la sostenibilidad o por un modelo de futuro, ahora una nueva variante del self-service territorial…. sírvase usted mismo, genere el uso que usted quiera (que para algo tiene dinero y además ha llegado el primero) los que vengan después se tendrán que adaptar para no generar externalidades que puedan poner en peligro su competitividad.

Es sencillamente alucinante…….

No obstante, dejando de lado las sandeces del citado documento, me planteo si realmente existe mucha diferencia entre lo propuesto y lo que realmente tenemos hoy día; en primer lugar y con referencia a su primera recomendación ¿No existe ya ese mecanismo impositivo (de precio) que te permite saltar las fronteras de la ciudad y del suelo urbanizable?¿No se llama Modificación Puntual de Plan General? ¿No se lleva a cabo mediante el pago de un importe estipulado en un convenio?.

Respecto a la segunda recomendación (eliminar la zonificación y que mande el mercado) ¿Dónde se instalan hoy día las grandes multinacionales? ¿Y las petroleras o derivadas? ¿Generalmente lo hacen en suelo diseñado al efecto o en un suelo barato que era SNU y por “Interés general” pasa a ser apto para la instalación?

Esta última reflexión me hace indignarme aún más con el documento del CNC, no sólo propone la antítesis de lo que otras políticas y cualquier persona medianamente coherente defiende,  sino que además no ha tenido la capacidad de observación suficiente para darse cuenta de que lo que proponen ya existe y como podemos ver no funciona.

PDT: Os dejo el enlace de este maravilloso documento

(http://www.cncompetencia.es/Inicio/Informes/InformesyEstudiossectoriales/tabid/228/Default.aspx)

COMPETITIVIDAD URBANA VS COMPETENCIA

Catorce años han pasado desde que en Potsdam (1999) la Estrategia Territorial Europea nos hablase de la necesaria competitividad y de la oportunidad del policentrismo como herramienta en la creación de un modelo territorial basado en el progreso, la sostenibilidad  y la cohesión.

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Un sistema elogiado por innumerables artículos y publicaciones que no termino de ver llevado a la práctica; veo claros intentos (y en ocasiones logros) de distintas regiones o municipios por incrementar su competitividad en base a la improvisación en muchos casos y en otros a una planificación, pero eso sí, normalmente la suya individual. Este hecho nos lleva a escala municipal (e incluso sub-municipal a nivel de pedanías) a que cada municipio para ser competitivo busca su polígono industrial, su centro comercial y de “ocio”, sus instalaciones deportivas, su zona terciaria para oficinas, sus equipamientos educativos y sanitarios…. su, su, su…..

A modo de ejemplo 18 minipolígonos de 18 minimunicipios serán aptos para pequeños establecimientos industriales de carácter normalmente local, nunca podrán albergar una gran factoría o un conjunto de instalaciones relacionadas que se complementen y fomenten sinergias, simplemente no caben; caso distinto sería si existiese y se pusiera en práctica (cosa que no siempre ocurre) una planificación de orden superior que unificara intereses y transformase los 18 miniespacios en un gran espacio perfecta, sostenible y competitivamente conectado.

Este hecho se ve agravado además por obviar un tema de vital importancia si hablamos de competitividad y éxito, el de la MASA CRITICA; efectivamente un centro comercial, una torre de oficinas o unas instalaciones deportivas son sostenibles económicamente cuando existe una masa suficiente que lo demande de forma sostenida en el tiempo, no sólo en épocas de “vacas gordas”; de esta forma vemos a nuestro alrededor innumerables equipamientos e infraestructuras totalmente abandonadas por la sencilla razón de haber nacido en una época de bonanza con la consideración de que siempre iba a ser así en zonas que, en condiciones normales, no generan esa “masa crítica”.

En materia de servicios públicos como la sanidad o la educación volvemos al mismo problema, todos queremos tener centros educativos y la asistencia sanitaria junto a nuestras viviendas, cada pedanía al menos un colegio y un centro de salud, lo cual puede ser conveniente buscando la cohesión social, pero por una parte ¿nos lo podemos permitir económicamente? y por otra ¿no sería más eficiente agrupar y crear grandes centros que permitan un mejor servicio y conectarlos de forma eficiente y sostenible? ¿No estaríamos hablando entonces del policentrismo de la ETE?

La figura de orden superior que citaba como solución ya existe, la tenemos en los Planes de Ordenación Territorial supramunicipales; no obstante su gestión y la consecución de objetivos requiere de una voluntad política que por ahora me cuesta mucho ver. La situación nos lleva de esta forma a un escenario incluso peor al de la centralización que la ETE trataba de solventar, llegamos a un entorno de salvaje competencia, muy distinto al de competitividad, llegamos a la competición entre municipios, al despilfarro y al estancamiento no sólo por las acciones no planificadas emprendidas sino por las potencialidades de la agrupación que dejamos escapar.

¿CUÁNTO VALE UN PAISAJE?

Muchos son los métodos que tantean o establecen un valor monetario para un paisaje, algunos de ellos directos, otros indirectos, valor de reposición, coste del viaje, ingresos que puede generar, etc… no obstante ninguno de ellos predomina sobre los demás de forma clara, no llegan a convencer al incrédulo y por tanto son realmente poco utilizados.

La complejidad viene dada lógicamente porque la percepción del paisaje, si bien depende de la información que recibimos a través de nuestros sentidos, es función directa de nuestro filtro (recuerdos, cultura, estado de ánimo, etc..); es decir pasamos al terreno de lo subjetivo, siendo ésta una palabra prohibida cuando hablamos de valoración económica (en la que alguien puede llegar a pagar más o menos en función de la valoración).

Resulta evidente que el paisaje puede incrementar o reducir el valor de los elementos que forman parte de la escena, no obstante  la pregunta… ¿en qué medida?… queda en el aire. Un local comercial en un entorno urbano con un paisaje adecuado puede ser más caro que otro en un entorno degradado o simplemente banal, pero son tantas las variables que intervienen (geometría del local y de la calle, visualización, tráfico rodado y peatonal, competencia, oferta, demanda, etc….) que parece imposible ponerle “peso” objetivamente a la variable “paisaje en el que se inserta”.

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Si encontrásemos el camino habríamos encontrado el arma perfecta para convencer a Administraciones, empresarios y sociedad en general sobre la importancia de nuestros paisajes, no hay nada más efectivo que traducir la importancia a unidades monetarias.

Leyendo la paradoja de Adam Smith sobre valor de uso y valor de cambio creo entender que la falta de aceptación de las metodologías actuales de valoración de paisaje se encuentra en la base, es decir, en tratar de encontrar un “valor de cambio del paisaje” cuando realmente es algo que no circula en un mercado, no se compra ni se vende; por tanto los esfuerzos deben ir encaminados en otra dirección, en dar respuesta a …¿cuánto puedo ganar si me ocupo de una gestión adecuada del paisaje? (en una empresa, una ciudad, una región, una asociación de comerciantes, etc…).

En este punto volvemos a encontrarnos con la duda de cuantificar la influencia, un problema complejo pero pienso que no por ello irresoluble. Un estudio de mercado correcto, con casuística suficiente podrá facilitarnos los coeficientes de homogeneización que nos indiquen cómo está influyendo el paisaje por ejemplo en un desarrollo terciario de oficinas, y en base a los resultados podremos valorar la rentabilidad de una posible inversión en paisaje. Está claro que se trata de una estimación, lo cual puede ser motivo de rechazo por parte de un empresario, ahora bien, ¿el grado de incertidumbre sobre la rentabilidad de la inversión es mayor o menor que en cualquier otro estudio de viabilidad? cuando por ejemplo una empresa se plantea la expansión a otra región o país, ¿las variables del estudio previo tienen certeza absoluta?..¿y si suben los impuestos? ¿y si la conflictividad laboral crece? ¿y si otra empresa ocupa parte de la cuota de mercado que esperábamos alcanzar?….. son riesgos, pero en principio el resultado del análisis arroja beneficios y por tanto se sigue adelante.

Por tanto, el problema no es de metodología de valoración; más bien sería por nuestra parte de concepto (no tratar de ponerle precio a un paisaje sino valorar lo que aporta al resto) y por otra, la más importante, convencer no del “valor de cambio de un paisaje” sino del “valor de uso del mismo“.

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO VS COMPETITIVIDAD

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Leyendo el informe “Hot Spots 2025 Benchmarking the future competitiveness of cities” elaborado por la Economist Inteligence Unit de “The Economist” me surgen realmente muchas dudas respecto a los resultados (entiendo que la crisis económica en Europa haga descender en el ranking ciudades como Madrid o Roma, pero no termino de comprender por qué en el mismo escenario Lisboa o Dublín crecen y aún menos comprendo por qué Madrid baja su puntuación 30 veces más que Barcelona), no obstante como toda estadística o simulación de escenarios futuros creo que hay que recibirla con la máxima cautela, analizar el origen de los datos y sobre todo considerar las tendencias que nos están dejando ver más que el valor numérico concreto obtenido. El citado informe define “Competitividad Urbana” como la capacidad de atraer capital, negocio, talento y visitantes, elaborando el ranking en base a ocho grupos de indicadores ponderados mediante la asignación de un “peso” a cada uno de ellos.

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Ahora bien, una vez que tenemos el diagnóstico o el modelo tendencial hecho, es la hora de trabajar para invertir o potenciar tendencias y llegado este momento las Administraciones deben asumir y comprender que la deseada competitividad es fruto de un sistema holístico y por tanto de nada valen acciones individuales, ¿de qué servirá mejorar infraestructuras si no atraemos por ejemplo capital humano? ¿para qué tratamos de atraer negocios si el sistema financiero no los apoyará? …. entiendo que para nada o al menos para mucho menos de lo que podría servir.

Necesitamos una herramienta que diagnostique y planifique acciones teniendo en cuenta el conjunto, sus incompatibilidades, sus sinergias y su retroalimentación; pero no tenemos que inventar nada, ya existe, se llama ORDENACIÓN DEL TERRITORIO; por tanto lo único que hace falta es convencer a los entes con capacidad de decisión de su valía como herramienta transversal.

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Cuando Kevin Lynch describía el concepto de “imaginabilidad” de nuestras ciudades todavía no se hablaba de conceptos que ahora creemos actuales como el branding o la imagen de marca de una ciudad como herramientas de competitividad, sin embargo estamos sin duda hablando de lo mismo; cualquier territorio cuenta con ciertos elementos que se graban en nuestra memoria de forma selectiva constituyendo los ingredientes que más tarde emplearemos para crear nuestra “imagen mental del sitio”, nuestro recuerdo.

La experiencia sensorial y paisajística del forastero que accede a una población, que la recorre por sus principales arterias, que visita sus zonas industriales o simplemente acude a una reunión, marca inequívocamente la sensación positiva, negativa o indiferente que experimentará un tiempo después, cuando se dicho lugar vuelva a su memoria por la razón que sea.

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Si nuestras ciudades tratan de vender, de atraer nuevos clientes o de mantener los que tiene, necesita destacar y en el entorno de las sensaciones subjetivas deberá crear los inputs necesarios para que esa imagen sea de orden, identidad, seguridad, sostenibilidad, progreso, modernidad, etc… frente al desorden, improvisación, contaminación, inseguridad o deterioro.

Por lo tanto, un primer objetivo sería “ser recordada” (algo no fácil si impera la banalidad), superado este punto nuestro “cliente” ya sabe que existimos; ahora necesitamos “ser bien recordados” mediante el empleo de factores positivos como los citados en el párrafo anterior (hemos llegado al momento en el que el “cliente” sabe que existimos y además estamos en el grupo de los buenos); pero como nosotros hay muchos (la “competencia”) luego ahora toca distinguirnos del resto, aportar algo más a nuestro paisaje que nos haga destacar ¿cómo lo hacemos?… Una primera opción sería la teatralización de nuestro entorno, la creación de ciudades a modo de parques temáticos, la organización de grandes eventos como efecto púlsar, pero eso requiere una inversión no planteable en época de crisis, la historia reciente nos dice que no funciona y además seguiríamos compitiendo en una liga en la que sólo gana el que de mayores recursos disponga…. ¿Cómo podemos distinguirnos entonces del resto?, muy sencillo, siendo lo que somos, potenciando nuestra identidad (que es única) y no tratando de disfrazarla ni de vender lo que no somos. Evidentemente una ciudad cambiará, se adaptará y crecerá, pero será en el momento en el que deje atrás su identidad cuando realmente perderá su oportunidad pasando a ser simplemente “una más”.