Etiquetado: planificación

¿PODEMOS RESUCITAR NUESTROS JARDINES?

El frenético ritmo de crecimiento, la desgana y realmente la consideración de la ciudad como una acumulación de viviendas y no en sí misma como algo positivo,  ha llevado en la planificación actual a un cambio de papel de los espacios verdes; ha pasado en gran número de ocasiones de ser un elemento de disfrute, de relación social y de articulación de la trama; a ser simplemente uno más de los “molestos estándares urbanísticos a cumplir”. Este hecho lo vemos reflejado a diario en jardines junto a autovías (citados como “colchón verde”, ocupando la zona menos habitable y dejando por tanto sin verde la zona habitable), con geometrías que lo hacen inservible, salvo para ir y venir (sin que nada nos llame a hacerlo) o simplemente desconectados de la trama, con lo cual no “se pasa por el jardín” sino que necesariamente “hay que ir al jardín”.

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Como decía Jane Jacobs “La gente no usa los espacios abiertos urbanos porque estén cerca de sus casas, ni porque los diseñadores y urbanistas deseen que los usen…. algo más se necesita“, pues bien, no aportamos ese “algo más”, con lo cual pasamos de un elemento potencialmente positivo a un elemento a esquivar en muchas ocasiones, desolado, triste, que costó dinero, que cuesta mantener y que realmente poco aporta (al menos en relación con lo que podría).

Frente a este hecho fácilmente observable en cualquier ciudad, la reacción sigue siendo la misma… nula… ¿Por qué seguimos haciendo lo mismo si vemos que no funciona? y dicho esto, intentando avanzar y ser práctico ¿Podemos resucitar los existentes?.

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Sinceramente entiendo que sí. Estos espacios son como son, no van a crecer, a cambiar su geometría ni mucho menos su ubicación; por lo tanto tenemos dos opciones mantener el cadáver momificado o actuar para el cambio.

¿Qué les falta a estos lugares para ser atractivos, ganar sensación de seguridad y convertirse en un sitio al que nos apetezca ir (ya que como he dicho no están planteados para “pasar de camino a…” o “encontrar de repente “)? Muy sencillo, GENTE Y ALGO QUE HACER; lo segundo evidentemente llama a lo primero. Cualquier ciudad tiene cientos o miles de aficionados al ajedrez, al patinaje, al teatro, a la literatura, a las artes marciales, al Tai Chi, a la gimnasia, al running, a la música, al baile, a los objetos antiguos, a los libros de segunda mano, al agility, etc…. ¿He dicho alguno que no se pueda practicar al aire libre? …. creo que no, al menos en mi clima mediterráneo y durante el 90% de los días del año; ¿Por qué no fomentamos entonces esos usos específicos y le damos vida a esos espacios? Cualquiera de las actividades citadas junto con una pequeña cafetería o terraza no sólo atrae a los usuarios sino también a los paseantes, creamos espacios de disfrute y sobre todo de relación social.

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Frente a esta propuesta, la respuesta habitual podría ser la imposibilidad de inversión en la actual situación de crisis, pues bien, a los que piensan que no hay dinero o no merece la pena gastarlo en esto, les recomiendo una cosa, váyanse a la ciudad de Nueva York y visiten Central Park (la escala es brutal pero el concepto es el mismo), si pueden háganlo especialmente un sábado; podrán comprobar lo que da de sí un escalón en el que sentarse una persona a leer cuentos o poesía; tres bancos de madera en los que improvisar un concierto de violín o seis botes vacíos de Coca-Cola y un señor patinando; les aseguro que cambiará su concepción de “inversión necesaria”.

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PAISAJE URBANO ¿RESULTADO O HERRAMIENTA?

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El Ranking Mundial de ciudades por su Calidad de Vida, elaborado por la consultora MERCER, lleva a cabo un análisis y clasificación de emplazamientos en base a una serie de 39 parámetros agrupados en categorías como ambiente político y social, ambiente económico, salud y sanidad, educación, servicios públicos y de transportes, ocio, bienes de consumo, alojamiento y condiciones climáticas. Dichos indicadores son hechos objetivos y por tanto resultan en cierto modo cuantificables y calificables; ahora bien en relación a lo que podríamos llamar “paisaje formal”  ¿Cómo afectan dichos indicadores y su evolución a la formación del paisaje? y en relación al “paisaje subjetivo” o la interpretación que individualmente hacemos de la información que recibimos ¿Influye el paisaje en la forma de percibir la calidad de vida?.

Considerando el paisaje como “resultado”, la respuesta es afirmativa en los dos casos;  la implantación de infraestructuras, servicios, comercios, zonas de ocio, centros sanitarios, etc… modifica evidentemente el aspecto formal de la ciudad; y dependiendo del resultado, el paisaje nos ayudará a percibir la calidad de vida evaluada numéricamente, o en  caso contrario la enmascarará.

Sin embargo, si enfocamos el paisaje como “herramienta”, vemos que su adecuada planificación y gestión, facilita las relaciones sociales y la interacción entre los habitantes; posibilita sensaciones relacionadas con la cultura; fomenta la identidad del lugar y por tanto la sensación de pertenencia y  de seguridad; permite el contacto con la naturaleza en un contexto antropizado, etc…. Es decir, considerando la planificación del paisaje en origen y no como resultado podemos no sólo hacer crecer los indicadores objetivos sino que además podemos, para idéntico valor numérico de los mismos, incrementar la sensación subjetiva de calidad de vida.

¿Por qué esperar entonces al resultado si tenemos la herramienta?