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PARTE 02_03. ¿HACEMOS ALGO O SEGUIMOS LLORANDO?

Como continuación al post anterior, hoy trato de bucear en posibles soluciones a nuestro paisaje de crisis generado por obras paralizadas de promotores arruinados o que simplemente no les interesa continuar.

Promotores que arrancaron obras cuando comenzaba el declive y no tuvieron tiempo de reacción o no supieron hacerlo; la oferta era brutal, la demanda bajó y el crédito se cerró, con lo cual la impensable situación de no vender lo que estabas construyendo (fuera lo que fuera y donde fuera) se hizo realidad. Ante esta situación, bien las entidades bancarias dejaron de pagar certificaciones o simplemente el promotor decidió que no debía seguir invirtiendo con tan alto nivel de riesgo; dando lugar entre todos al fantasmal paisaje de nuestras ciudades (fundamentalmente de sus zonas de ensanche).

IMAG0741La bajada de precios de vivienda junto, en muchos casos, con la irreal valoración hipotecaria (realizada por dudosos profesionales, admitida por numerosas entidades financieras y permitida por los órganos de supervisión) ha dado lugar a que lo ejecutado por los promotores vale menos que lo prestado por los bancos, con lo cual ya no tengo claro si el problema es del primero o del segundo.

Siempre he defendido que “el riesgo dignifica el beneficio”, por tanto nunca he criticado al promotor que legalmente ganaba millones en sus promociones; él arriesgaba  y recogía beneficios, por tanto el que quisiera tenía la puerta abierta, sólo había que saber hacer y arriesgar; ahora bien, “riesgo” significa que te puede salir mal con lo cual igual que a las buenas recogimos beneficios ahora son las malas y toca pagar.

No obstante lo anterior, ya he dicho antes que el promotor no era el único actor en esta función; las sociedades de tasación contaminadas ganaron mucho dinero a base de tasaciones “a medida”, los bancos obtuvieron beneficios espectaculares y los órganos de control simplemente no hicieron nada, por tanto a todos les toca bajo mi punto de vista responder en este momento.

Los promotores deben cumplir su obligación de edificar en plazo (fijada en licencia) y si no pueden o no les interesa, deberán malvender, aunque se pierda dinero o no se cubra ni siquiera la deuda pendiente, recordemos que estábamos en un deporte de riesgo y hemos perdido, al menos su cuenta será menos negativa.

Las sociedades de tasación corruptas deberán pagar su falta de ética y profesionalidad, con la misma responsabilidad que se nos exige a cualquier profesional.

Las entidades financieras, como beneficiarias del sistema creado, deberán participar en la solución, bien abriendo crédito, bien haciendo quitas o bien como socio capitalista.

Por último los órganos de control y administraciones que no velaron, deberán responder poniendo los medios económicos o legales para resolver el problema.

No existe legislación que sustente esta línea de actuación, pero las leyes están para resolver problemas y cada día vemos como nacen, se derogan o se modifican, por motivos muchas veces caprichosos, partidistas o de dudoso interés, por tanto no me vale la respuesta de “… la ley no contempla este supuesto…”.

¿HACEMOS ALGO O SEGUIMOS LLORANDO? 01

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Pensando en el post que publiqué la semana pasada sobre “Paisajes de la crisis”, leo hoy en el diario El Mundo un artículo titulado “Cicatrices del boom del ladrillo en el paisaje irlandés”; rápidamente me dispongo a leerlo con la ilusión de encontrar respuestas o al menos algo de luz a las cuestiones que yo mismo me planteaba hace unos días; no obstante a los dos minutos puedo comprobar que se trata de una falsa alarma, la distancia o la diferencia del clima Madrid-Dublín parece que no afecta en absoluto y encuentro el mismo escenario en ambos casos.

Tras comentar el brutal número de viviendas deshabitadas o de urbanizaciones fantasma, la secretaria de Estado de Vivienda y Planificación tan sólo cita tímidas medidas (que reconocen poco eficaces) que se centran en propuestas de alquiler social y de trabajos de mantenimiento por cuestiones de salubridad y seguridad; en un momento brillante deja ver que no existen soluciones universales, por lo que habría que decidir caso por caso; pero finalmente tira por tierra el discurso reconociendo que lo que se debe hacer con lo que se encuentra a medio construir es sencillamente demolerlo…. ¿no íbamos a estudiar caso por caso?.

Como creo que sobran ya artículos pesimistas, voy a tratar de darle al post un sentido práctico de avance, de inmersión en el problema y de búsqueda de soluciones.

Reconociendo que no es posible encontrar el “elixir mágico” que dé respuesta a  la enorme casuística de la cuestión, empecemos por diferenciar situaciones de propiedad de esas estructuras fantasmas y veamos las siguientes posibilidades:

– Propietario = Entidad financiera

– Propietario = Promotor arruinado

– Propietario = Promotor no arruinado, simplemente sin clientes y sin prisa por ejecutar.

La extensión del tema y el interés con el que lo quiero abordar me llevaría a un post excesivamente largo y quizá pesado, por ello lo divido en tres artículos abordando hoy el primer supuesto y dejando los dos restantes para sendas entradas en los próximos días.

1. EL PROPIETARIO ES UNA ENTIDAD FINANCIERA que lo ha recibido como dación en pago. En la situación actual no genera beneficios, sólo gastos en impuestos y mantenimiento. Si  hacemos caso a la propuesta irlandesa y lo demolemos, tendremos ahora un solar baldío en lugar de una estructura abandonada (no soñemos que el banco va a reconvertir el terreno en los campos que un día fueron, las entidades financieras trabajan con dinero, ni son, ni saben, ni quieren ser agricultores) ¿Hemos ganado algo con el cambio?¿qué hacemos con el solar baldío?…. y además ¿quién ha pagado la demolición?¿quién ha indemnizado al banco por demoler su estructura abandonada que algo valdría?, creo que este no es el camino.

Nos planteamos ahora que las entidades financieras se reconviertan en promotoras y terminen con fondos propios las construcciones paralizadas, de esta forma dejaremos de ver ese paisaje decadente “a medio hacer”; sería una buena opción si no existiese el exceso de vivienda construida vacía que tenemos en España y además los bancos fuesen una ONG sin ánimo de lucro; pero no es así, los bancos como cualquier empresa trabajan para ganar dinero y si no hay clientes es absurdo invertir en un producto que tienes claro que no te van a comprar; por lo tanto esta opción tampoco vale.

Si ahora planteamos la solución del alquiler social, volvemos a tropezar con la misma piedra; el banco sigue sin ser una hermanita de la caridad, por tanto no va a invertir en terminar un edificio para cederlo en alquiler social y no obtener un beneficio; podría hacerlo en determinados casos como Obra Social pero no desde luego como criterio general para la inmensa bolsa de la que disponen hoy día.

Como vemos que los caminos se cierran a las salidas tradicionales, cambiemos el enfoque, no lo tratemos como algo que nos queremos quitar de encima rápido y de la forma menos dolorosa , pensemos por un momento en la posibilidad de que se convierta en una inversión a largo plazo. Partimos del hecho de tener un producto (una estructura o un edificio vacío) que no produce y además genera gastos; arranquemos en primer lugar dándonos cuenta de que la “necesidad” real o ficticia que pretendía cubrir ese producto ya no existe y por lo tanto no debemos seguir perdiendo el tiempo en esa línea. Miremos a nuestro alrededor y veamos qué ocurre, cuales son los sectores activos; al menos en el mío veo varios sectores “inquietos”, el de los emprendedores que día tras día tratan de encontrar  la forma de lanzarse al mercado con productos o servicios innovadores, el de las nuevas fórmulas de trabajo como el coworking, el de las empresas sociales, el del empleo verde, el del ocio, el del deporte; muchas cabezas pensando, con ganas de arrancar y con el mismo problema, la falta de financiación para instalarse.

Ahora me preguntó ¿sería posible instalar un centro de coworking en un edificio de viviendas vacío? ¿sería viable modificar un proyecto de viviendas en estructura y transformarlo en un centro de ocio? ¿sería posible crear una incubadora de empresas en una hilera de dúplex adosados? ¿se podría instalar una guardería en una vivienda unifamiliar con jardín? ¿y un centro de día para mayores? ¿se puede instalar un parque de bolas para niños en una nave?…. la respuesta es afirmativa en todos los casos, pero nos sigue fallando un punto, no tenemos dinero para alquilar o comprar el local y el crédito está cerrado, con lo cual se cierra el círculo.

Tratando de abrir el círculo, me planteo qué ocurriría si el propietario (banco en este caso) asume que ya no tiene un producto que se desarrolla y vende a corto plazo con un beneficio del 25 -30% y comprende que la única salida es el medio-largo plazo con reducción de margen de beneficios ¿qué pasaría si en lugar de mantener edificios vacíos generando gastos los pusieran a disposición de emprendedores formando sociedad con ellos a modo de socio capitalista aportando el local? si la empresa tiene éxito comenzará a recibir no sólo el alquiler sino también beneficios directos de la empresa e indirectos por la actividad económica generada en su entorno inmediato, mientras que si no lo hace estará como ahora mismo pero al menos no habrá tenido gastos.

Igual que hemos dicho que las entidades bancarias no son agricultores, también está claro que no son ni quieren ser inmobiliarias que aporten su producto a una empresa, su trabajo estaba en otros frentes,  y esa es la clave …. ESTABA, hablamos en pasado, el escenario es radicalmente distinto por lo tanto necesita nuevas respuestas,  investiguemos y discutamos líneas como la que humildemente propongo en este post y dejemos de darnos coscorrones con la misma piedra una y otra vez; aportemos ideas ya que como podemos ver ni nuestros políticos ni los de Irlanda parecen tener la solución.