LA CIUDAD FRENTE AL COVID, EL CÓMO FRENTE AL CUÁNTO Y QUÉ

Sobre el uso del espacio público, llevamos días y días escuchando hablar sobre la famosa “desescalada”;  qué va a estar permitido y qué prohibido en nuestras ciudades, cuánto tiempo podremos salir a la calle, qué podremos hacer y qué no, cuántas personas podrán entrar en el bar, cuántos al centro de trabajo, qué tipo de negocios pueden tratar de arrancar y cuáles no….. cuánto, cuánto, qué, qué…… hay algo que no cuadra.

Todavía no nos hemos cargado a este virus porque es nuevo, desconocido; los medios tradicionales no valen, da igual la cantidad de fármaco tradicional que utilizásemos porque no es el que necesitamos.

Con la ciudad vamos a lo mismo, tenemos un enorme problema que nunca antes habíamos visto; existe riesgo de contagio, la sociedad lleva semanas encerrada con ansiedad por salir pero a la vez con miedo a hacerlo, necesitamos trabajar y producir, y como seres sociales necesitamos volver a relacionarnos con los demás.

Frente a este desconocido problema cuya solución no está en los libros, veo en lo que se refiere al uso de la ciudad propuestas que nos dicen que van hacia la “nueva normalidad”; aforo limitado en cafeterías, restaurantes,  comercios, transporte público, franjas horarias para pasear o hacer deporte, cuánto te puedes alejar de casa, etc.  Es decir se plantea hacer lo mismo que hacíamos pero en menor cantidad; entiendo que el razonamiento es que si hay menos cantidad,  la probabilidad de contagio baja;  que si se abren “un poco” los comercios se evitará parcialmente la ruina de los comerciantes y que si podemos salir “un poco” la ansiedad de la sociedad se verá reducida… ¿De verdad alguien cree que un restaurante, una cafetería, un cine o una sala de conciertos puede abrir con el 30% de su aforo? ¿Alguien puede pensar que la relación entre costes y aforo es lineal? ¿A alguien le apetece para relajarse salir a comer con su pareja, sentarse en un restaurante entre separadores  de metacrilato como algunos proponen, con olor a gel desinfectante y rodeados de gente con guantes y mascarilla? … yo esa nueva normalidad ni me gusta ni me la creo.

¿Por qué seguimos intentando usar la ciudad como antes si ahora mismo no es posible? Usarla como siempre pero “sólo un poco” ni nos va a satisfacer ni va a evitar la ruina.

¿Por qué no asumimos que no es posible esa salida, la descartamos y buscamos otra? ¿Por qué no nos olvidamos del “qué” y del “cuánto” y empezamos a diseñar el “cómo” utilizamos esa ciudad?.

Tenemos una enorme extensión de espacio público como tablero de juego; antes cada parte se usaba para determinados usos que entonces teóricamente nos servían y cada uno tenía en mayor o menor medida cubiertas sus necesidades; ahora las necesidades temporalmente son distintas, necesitamos espacios abiertos, necesitamos distancias entre nosotros, necesitamos en definitiva alternativas al uso que hasta ahora le dábamos al espacio público.

  • ¿Pasa algo si la pequeña cafetería de barrio, sin terraza, que nos ha puesto siempre el café por la mañana, ahora ocupa cuatro o cinco plazas de aparcamiento para una terraza y se le permite servir sólo en terraza?.
  • ¿Pasa algo si el restaurante que necesita 30 cubiertos al día para cubrir gastos amplía temporalmente su terraza para poder dar servicio a esos 30 cubiertos?
  • ¿Pasa algo si los mercados y mercadillos ocupan ahora el doble de calles que ocupaban antes y así puede haber distancias de seguridad?
  • ¿Pasa algo si algunas calles se cierran al tráfico y se convierten en zonas peatonales y de juego para que todo el mundo tenga un espacio de expansión cerca de casa y así no se concentren en los grandes jardines?
  • ¿Pasa algo si permitimos a los cines, teatros y salas de concierto sacar sus proyecciones y representaciones a la calle y así, sin perder seguridad, mantenerse y dar servicio de ocio a la sociedad?
  • ¿Pasa algo si fomentamos de verdad el uso de la bicicleta y así descongestionamos el transporte público?
  • ¿Pasa algo si las numerosas instalaciones deportivas públicas se destinan por ahora a actividades seguras, deportivas o no, para los niños que ya no tienen colegio y sus padres se reincorporan al trabajo presencial?

 

Yo creo que si pasa algo, pasa que sin perder seguridad, me habré tomado el café de todos los días en el bar, habré charlado con el camarero, habré ido a cenar con mi mujer una noche a una terraza, habré comprado fruta en el mercado de los jueves, habré paseado con mis hijos por una zona segura en la que habrán podido divertirse al aire libre, habré podido ver una película en un cine de verano urbano, me habré movido en bici por la ciudad con sensación de seguridad y tendría opciones de ocio o formación para mis hijos….. esa “nueva normalidad” si me la creo, pero para eso toca olvidar viejas herramientas, romper barreras, abrir la cabeza y sobre todo trabajar, eso es lo que creo que le toca a los que tienen capacidad de decisión sobre el espacio público.

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