LOS NO PAISAJES

Muchos años han pasado desde que Petrarca subiese al Monte Ventoux y en sus cartas relatase la belleza que le conmovió al llegar a la cumbre y contemplar su entorno;  se inició entonces la consideración de un término  hasta ese momento desconocido, el “paisaje”,  ligado inequívocamente a lo bello;  la posibilidad de hacer un viaje sin una finalidad específica simplemente por el disfrute de su contemplación.

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Esta consideración ha permitido durante este tiempo la conservación y creación de paisajes excepcionales, lo cual debemos agradecer al poeta italiano; ahora bien, casi siete siglos después ¿no va siendo hora de tener en cuenta otras consideraciones?

A la pregunta de ¿qué es un paisaje? la imagen mental de la mayoría absoluta de la población es la de la montaña verde, posiblemente con algo de nieve en las cumbres, o un río que serpentea por el valle entre un perfecto arbolado.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define paisaje como “Extensión de terreno que se ve desde un sitio”, el Convenio Europeo del Paisaje ataca directamente la problemática objeto del presente post y lo define en su primer artículo como “Cualquier parte del territorio tal como la percibe la población…..”; en ningún sitio hemos dicho que sea bello, excepcional o que transmita sensaciones positivas.

Este hecho que podría parecer superficial o un problema de léxico sin trascendencia, es claramente  esencial ya que si algo no existe sencillamente no nos ocupamos de ello; mientras la idea clásica de paisaje permanezca en nuestras mentes, nada haremos por el paisaje de nuestras ciudades deterioradas, nuestros barrios banales, nuestros entornos industriales o nuestras zonas agrícolas abandonadas…. simplemente porque no se considera que existan…el paisaje es otra cosa…. estos barrios siempre han sido así…. las industrias son feas por naturaleza…. el progreso nos lleva a estos cambios……etc, etc, etc….

Pues bien, como decía antes, creo que ha llegado el momento de cambiar nuestra forma de pensar y actuar.  Lo primero que necesitamos sin duda es sensibilizar para dejar de predicar en el desierto, pero bajo mi punto de vista no sólo como se viene haciendo, es decir,  las bondades de un paisaje excepcional las conocemos desde el siglo XIV y es positivo mantener su difusión y puesta en valor…. positivo pero no suficiente, no avanzamos.

El verdadero avance lo encontraremos primero cuando se asuma el valor del paisaje cotidiano, el que veo por la mañana cuando abro la ventana, el que observo mientras voy al trabajo, el que disfruto al ir a comprar pan o lo que contemplo mientras tomo un café en una terraza; es decir durante el 95% de mis horas (el otro 5% lo dejo para lo que veo en mis vacaciones); en segundo lugar cuando logremos entender que las cosas pueden cambiar, no existen los paisajes muertos, tan sólo los malheridos.

Finalmente dejo en último lugar el concepto que considero de mayor importancia (ya tratado en otros artículos), el paisaje no es un “extra” a conseguir en un entorno, no es un “adorno”, no hablamos de “decoro”, no es el fin sino el medio; la finalidad no es el paisaje, la finalidad es la sociedad, su bienestar, su calidad de vida, su salud, su competitividad, su arraigo, su identidad,  su memoria y su futuro; por tanto, dado que en todos los términos que acabo de citar el paisaje puede intervenir positivamente creando, modificando, conservando o mejorando, tengamos en cuenta su aportación y lo que es más importante transmitámoslo a la sociedad.

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Las dos imágenes que muestro hablan de dos PAISAJES que no encajan en la idea de Petrarca, son entornos en estado crítico o terminal, ¿quiere eso decir que debemos abandonarlos? ¿significa que no existe solución? ¿qué pasa con sus moradores? ¿deben asumir que  deben vivir en un entorno que tan sólo transmite sensaciones negativas?; evidentemente NO, toca en primer lugar reconocer que son paisajes, en segundo lugar contemplar la relación del mismo con sus habitantes y por último trabajar duramente, no es un camino fácil pero existe y por tanto hay que recorrerlo.

  1. Antonio Clemente

    Una vez más amigo Juande, has dado en el clavo: la no consideración de algo es el origen de su obsolescencia. El desconocimiento de alternativas también. Las personas vivimos como vivimos porque desconocemos que se puede vivir mejor, sin mayores esfuerzos ni gastos, simplemente por desconocimiento. Existen muchos pueblos de la importancia y tamaño del que fotografías que tienen paisajes excepcionales, en los que recorrer sus calles o contemplarlos desde el exterior produce sensaciones bellísimas, y no por eso sus habitantes han tenido que hacer un mayor esfuerzo económico, simplemente posen el tesoro de la sensibilidad. Al final siempre llegamos al mismo punto: hacen falta más escuelas,……en las que se lea a Petrarca, por supuesto.

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